He llevado por razones que no vienen a cuento toda la semana pasada en Alemania visitando varias ciudades. Unas de gran tamaño e importancia financiera e histórica, como Múnich, y otras más pequeñas, pero con un peso específico industrial más que patentes.
Como no puede ser de otra manera, un poco de curro, un poco de turismo y un poco de ejercer de padre vigilante de su polluelo. Me fijo en lo que se bebe en bares, pubs y restaurantes. Y no es halagador para nuestro sector. Mucha cerveza rubia de barril con poca enjundia y suave en sus formas, algunas más contundentes, las menos, como me dicen por aquí, y sobre todo un aumento más que considerable de cervezas 'sin', de todas la formas, intensidades y colores. Incluso aromatizadas.
¿Y el vino?, pregunto yo en mi regular inglés y fatal alemán. Pues -se me contesta- se bebe menos tinto en bares y pubs, donde ha pasado a ser casi todo blanco, y lo que se bebe es algo de Rioja generalista, menos de Ribera, algún otro español esporádico blanco, además de algunos, mayoría, generalistas del nuevo mundo. Siempre o casi siempre de grandes compañías productoras o comercializadoras.
¿Y los pequeños o los medianos? Vinos muchos de calidades medias más que elevadas y precios competitivos. Aquí eso no llega, es la respuesta clara y corta, muchos ricos he probado en España, pero aquí eso no llega, repiten. Nota: viaja bastante más el alemán medio a España que nosotros a Alemania.
Todo esto cambia un poco en restaurantes de cierto nivel, donde la presencia de vinos tintos es más notoria, tanto Rioja y Ribera, principalmente, como de alguna otra zona de forma esporádica y sobre todo vinos tintos de otros países.
La conclusión de este periplo es que se bebe menos vino en general, lo que lastra a todo el mundo, no solo a nosotros como país productor. Pero nuestra presencia es francamente mejorable, por lo que todos los esfuerzos, desde bodegas, consejos e incluso gobiernos, deben ir dirigidos a mejorar nuestra presencia. Sitio hay y nuestra situación es mejorable.