"La enfermedad no me ha dejado jugar a fútbol o basket"

David Hernando Rioja
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Derian García Vaca es un joven de 12 años que padece hemofilia desde que nació. Ha tenido que aprender a administrarse sus medicamentos y ahora es un niño muy resuelto

Derian, el joven de 12 años con hemofilia pinchándose en el estómago su medicación - Foto: Óscar Solorzano

La Asociación de Hemofilia de Aragón y La Rioja (HemoAralar) cuenta con un total de 13 pacientes que proceden de La Rioja. Uno de ellos es el joven de 12 años, Derian García Vaca, que sufre esta enfermedad desde que nació. 

Su madre, Carolina Vaca Ordoñez, cuenta que su padre es hemofílico y ella es portadora de dicha enfermedad. «Las mujeres tenemos un 50% de tener un hijo sano o un hijo hemofílico. De hecho, tengo otro hijo mayor de 16 años que no padece la enfermedad pero Derian si que la tuvo», señala.

Los profesionales comprobaron que Derian era hemofílico cuando le hicieron la prueba del talón, ya que «vieron que no paraba de sangrar». Este joven reconoce que cuando era más pequeño no entendía lo que significaba esta enfermedad pero «cuando me fui haciendo más mayor la comprendí».

La hemofilia le ha permitido llevar una vida normal, ya que en el colegio no ha tenido ningún problema. «Pero ha hecho que no pueda jugar a deportes como el fútbol o el baloncesto porque son de contacto», lamenta.

García reconoce que otro de los aspectos más negativos fue estar alejado de su familia cuando le ingresaban en el hospital Miguel Servet de Zaragoza. «Los dos primeros años de vida prácticamente vivíamos en el hospital», recuerda su madre.

Independiente. Derian es un joven muy independiente que conoce su enfermedad y sabe como actuar cuando tiene algún problema. Sus padres le enseñaron a administrarse sus medicamentos, además de que le enviaron a un campamento para niños con su enfermedad donde también le explicaron como pincharse o les hacían una guia para evitar sangrados o saber como hacer compresiones.

Alguna vez ha tenido que utilizar todas estas enseñanzas. Recuerda que una vez se cortó en el talón con un cristal roto y no paraba de sangrar. «Rápidamente fui a la ducha porque no quería manchar la casa de sangre y le dije a mi primo que avisara a mi hermano, para que este llamara con su móvil a mi madre para que me curara», relata.