"Es más poderoso prometer la vida eterna que éxito y dinero"

María Albilla (SPC)
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"Es más poderoso prometer la vida eterna que éxito y dinero" - Foto: JAVIER OCAÑA PLANETA

Agustín Martínez es el primer Carmen Mola que se atreve a sacar la cabeza del trío con el que ha alcanzado el éxito. No obstante, no es nuevo en la literatura en solitario. A El esplendor (Planeta) le anteceden Monteperdido y La mala hierba. Pero ahora se la juega más que nunca porque el apellido pesa tanto como ayuda. No obstante, la trama que ofrece tiene todos los ingredientes para que el cóctel sea un éxito: investigación, dinero, drogas, éxito, paraísos fiscales, una historia de amor y el pasado nazi de una isla olvidada en el Canal de la Mancha. Quien no quiera dormir esta noche, que empiece a leer...

Es el primer valiente en sacar la cabeza en solitario después del éxito de Carmen Mola. ¿Teme que se la corten?

Este es el peligro de salir de Carmen Mola... Nosotros siempre bromeamos con que somos como una boy band que empieza a sacar discos en solitario, pero todo el mundo sabe que, excepto uno, los demás serán un desastre. Nosotros estamos esperando a ver cuál es. 

El orden de salida ha sido casual. Teníamos la idea de avanzar en solitario y yo he sido el primero en acabarla, básicamente porque Jorge y Antonio son muy vagos.

¿Les ha echado de menos o ya les estaba echando de más?

Un poco de las dos cosas. Esta novela viene de un proceso largo, así que nunca he tenido la sensación de escribir solo. Escribiendo en solitario disfrutas de cosas como tomar decisiones por ti mismo, pero también se echa de menos a los compañeros y su talento porque en los momentos de dudas estas se resuelven mucho más fácil.

Ha cambiado la sangre por el thriller psicológico. ¿Es más su estilo?

Esto es más el estilo que he estado haciendo en solitario, sí. Conecta con mis novelas anteriores, como La mala hierba, la que saqué justo antes de empezar con Carmen Mola. Lo que tenía claro es que no quería repetir lo que estábamos haciendo. No quería hacer un mini Mola, como decimos nosotros. 

Rebeca y César, los protagonistas, son un par de impostores y buscavidas. ¿Se ha sentido alguna vez una de estas dos cosas?

Yo creo que todo el mundo se ha sentido alguna vez impostor, que ha estado aguantando el tipo hasta que alguien se de cuenta y piense 'qué hace este tipo aquí, se nos ha colado'. Pero de buscavidas, no. Yo no soy así, quizás porque soy muy miedoso y nunca me hubiera atrevido a hacer cosas excesivamente ilegales. Por eso me fascinan esos personajes que son capaces de saltarse la ley, de mentir y saber colarse por los agujeros del sistema para conseguir determinadas cosas. De hecho, ahí está el origen de la novela, en cuando me pregunto sobre el porqué de su existencia.

Es el encanto que tiene moverse en las líneas divisorias. Uno tiene la opción de cruzarla o no cruzarla... y parece que la opción menos adecuada es siempre la más atractiva.

Uno no camina hacia el mal como si fuera un imán, sino que camina hacia un sitio en el que tienes acceso a cosas a las que nadie más tiene y entrar en ese mundo de exclusividad es muy llamativo. A veces, por tener ese acceso uno es capaz de saltarse muchos, o todos, los límites morales y legales.

El concepto del mal está presente en todas sus obras. ¿Qué le atrae?

No tengo muy claro por qué me atrae tanto el mal. A veces pienso que soy un ser humano muy miedoso y, como tal, veo peligros en muchos sitios, así que estoy muy atento a esas zonas de peligro porque me asustan de verdad, me asusta que el ser humano sea capaz de hacer determinadas cosas.

Los protagonistas de esta historia están llenos de secretos. ¿Cree que las cosas que no contamos nos definen más que las que se saben?

Los secretos nos definen, desde luego, porque vienen de nuestros deseos más oscuros, de lo que no nos atrevemos a poner sobre la mesa.

La búsqueda de la identidad es una constante también, no solo en esta novela, sino en la historia de la Literatura. Es un tema que siempre preocupa, independientemente del tiempo del que hablemos.

Totalmente, es inevitablemente un tema fundamental de la Literatura y también me parece que es un tema muy contemporáneo. La búsqueda de identidad es la búsqueda de un objetivo vital, de por qué vivo, cuál es mi objetivo y cómo me comporto para conseguirlo. 

En la actualidad, todo lo que nos está sucediendo podría plantearse como una crisis de identidad, como la necesidad de aferrarse a determinadas identidades. Desde el fundamentalismo religioso, los movimientos de extrema derecha o los cambios de género, todo entra en esa búsqueda de identidad, de definirse, de encontrar un camino en la vida.

Considera que la sociedad moderna está en crisis. ¿Qué le lleva a tener esa percepción? ¿No cree que quizá lo que haya podido cambiar no es tanto la forma de buscar la identidad sino las deidades a las que adoramos?

El fin de la religión como eje vertebrador de la vida en occidente no ha encontrado un sustituto con el empaque suficiente para poder reemplazarlo. 

Hemos ido probando cosas, desde utopías comunistas a extremismos supremacistas. Cuando se crea este vacío, el ser humano necesita encontrar algo que los sustituya. Hoy en día mi sensación, y esto es muy particular, claro, es que por lo único que lo hemos cambiado es por el concepto de éxito y por el dinero. Construimos la vida en torno a ello y, claro, prometer éxito y dinero es menos poderoso que una vida eterna. Además, genera frustración y creo que esto está en cada uno de nosotros.

¿El dinero como nuevo dios y el capitalismo como religión?

Sí, esa es mi sensación y eso es de lo que termina hablando la novela por debajo, pese a que es una historia muy entretenida y está llena de giros y de suspense. Pero pienso en aquellos que están en la cima del capitalismo y que para algunos son el modelo a seguir y veo en lo que se han convertido... La gente con la que se van encontrando Rebeca y César tiene mucho que ver con casos reales y mediáticos como el de Jeffrey Epstein o Puff Daddy, gente que lo tiene todo, que tiene todo lo que el dinero les puede ofrecer, pero sigue deseando más cosas. A partir de ahí es cuando se genera el horror.

Y todo esto nos lleva a la isla de Alderney, en el Canal de la Mancha, un escenario claustrofóbico, un paraíso fiscal, un territorio con un pasado nazi...

¡Cuando encontré Alderney hice bingo! En el proceso de creación de la novela uno va acompañando a los personajes. Yo arranco con una pareja joven y la chica sufre de repente catatonia después de venir de investigar la muerte de un hombre. César empieza a indagar qué le ha pasado y lo que hace es seguir la pista de Rebeca que le lleva a un paraíso fiscal. En esto andaba, buscando un paraíso fiscal...

Perdón que le interrumpa, pero espero que el paraíso fiscal lo buscara solo para el argumento...

Bueno, en principio, sí; pero si luego me viene bien para otras cosas, pues le saco partido al viaje.

Aclarado esto, o no tanto..., continuemos en cómo llegó a Alderney.

Bueno, las islas del Canal de la Mancha han sido paraísos fiscales durante muchísimo tiempo y esta zona está ahí un poco olvidada entre el Reino Unido y Francia... El caso es que cuando me puse a documentarme me encontré con la ocupación alemana de todas ellas y en especial de esta, donde fueron a parar muchos españoles... y todo encajó. 

La II Guerra Mundial es gasolina para la hoguera, ya hablemos de Literatura o de cine.

Sí, totalmente. Pero es que además el desprecio que hubo hacia esta isla fue grandísimo. A nadie le importaba lo que estaba pasando allí, hasta el punto de que cayó después de Berlín. Esas islas se ocuparon a la vez que Francia y los ingleses no quisieron ni protegerlas, las desalojaron completamente y las dejaron en manos de los alemanes. Durante años allí no sucede nada y los nazis montan sus campos de concentración convirtiendo aquello en un infierno.

Viajando al pasado, César y Rebeca tratan de huir del suyo. ¿Pero es posible escapar de él o siempre vuelve para pedir revancha?

Es inevitable el regreso del pasado. Los intentos de hacer punto y aparte y de crear una nueva identidad son imposibles. Esa es la base sobre la que construyen Rebeca y César su relación, y es sincera, pero el problema que llevan en la mochila es que no se han contado ese pasado que luego, inevitablemente, les va a terminar por alcanzar. El pasado forma parte nosotros, está metido en nuestra identidad, y termina brotando por un sitio o por otro.

En el paralelismo con la isla es muy evidente. El Gobierno británico decidió después de la guerra silenciar lo que había pasado en Alderney y cuando llegas a la isla, aunque sus propios habitantes no quieren hablar de ese pasado, la realidad es que el hormigón está por todas partes. Como nunca fue bombardeado está todo intacto. Es contradictorio que no se quiera hablar de lo que está de una manera tan evidente delante de tu cara. Eso es lo que yo siento respecto al pasado. Que a veces fingimos que no ha existido, pero está ahí siempre.

Pero Alemania ha asumido con dignidad el peso de su pasado. ¿No lo cree así?

Alemania ha integrado ese pasado y de repente uno se encuentra con cómo vuelve a resurgir la extrema derecha... ¿Realmente hemos asimilado el pasado o estamos haciendo una relectura?

¿En España considera que tenemos cuentas pendientes con nuestra Historia?

No me gusta mirar al pasado con la sensación de cuentas pendientes. Creo que ese es el error de cuando miramos a la Guerra Civil o a la posguerra. No es una cuestión de ajuste de cuentas, pero es infantil negar lo que sucedió. Lo ideal sería poder hablar con tranquilidad en nuestro país de lo que sucedió. Lo suyo es no tener miedo al pasado.