El colegio logroñés de La Enseñanza tiene muy presente el desarrollo de la interioridad y es una parte imprescindible en la formación de sus alumnos. En este camino, el yoga se ha convertido en una herramienta fundamental, permitiendo que los niños y niñas encuentren momentos de calma y conexión con ellos mismos dentro del entorno escolar.
Arancha Ostíz, maestra de primaria y titulada en yoga, empezó a introducir esta disciplina «por intuición» con ejercicios de respiración y aprovechando el marco del proyecto de interioridad del colegio. Pero su interés fue más allá y a partir de su formación puso en práctica su experiencia con los alumnos durante las clases de música. «Actualmente imparto la clase de música en seis cursos, a niños de entre 6 y 7 años», detalla.
Hace 13 años, Ostíz encontró un punto de conexión perfecto entre ambas disciplinas y es que sus clases de música las suele comenzar con ejercicios de respiración y silencio, recordando a los niños que «sin silencio, no hay música». «Hay que hablar de la interioridad como una experiencia humana y por ello, un encuentro desde el corazón buscando el camino espiritual», explica. Esta práctica les ayuda a la concentración, a trabajar mente y cuerpo, lo que a su vez mejora su capacidad vocal y musical. Además, emplea técnicas de visualización y utiliza diferentes instrumentos para guiar las meditaciones.
El impacto de esta actividad en los alumnos es indudable. «Durante las sesiones, se genera un ambiente de calma y atención plena que favorece la concentración e incluso en muchos casos reduce la ansiedad», explica Ostíz, asegurando que también les ayuda a reconocer y gestionar sus emociones expresándose a través de palabras, dibujos o pequeñas redacciones al final de cada sesión.
Aunque hoy en día el yoga no es una asignatura, el interés por este tipo de herramientas en la educación sigue creciendo y es que la maestra destaca que «está dando pasos importantes». Más allá de las posturas físicas, esta disciplina les enseña a escuchar su cuerpo, gestionar sus emociones y encontrar momentos de calma en un mundo acelerado. Por eso, en La Enseñanza, este proyecto demuestra que es posible integrar la educación en la interioridad con otros ámbitos, ofreciendo una formación más completa e íntegra.
Impresión. Para los alumnos del primer ciclo este tipo de actividad se ha convertido en un momento especial dentro de su jornada y al terminar cada sesión ellos mismos son conscientes de se sienten «más tranquilos y felices». «Siempre intento que, desde la libertad, describan con una palabra lo que han sentido durante la clase», señala Ostíz maravillada ante la gran cantidad de respuestas que expresan.
Por este motivo, en la sesión del pasado viernes las palabras más repetidas fueron 'en paz, tranquilo, agradecida, feliz, sosegado, satisfecho' y aunque algunos de ellos destacaron que lo que más les gusta es expresar sus sentimientos, las posturas o la relajación, a quienes les resulta difícil elegir indicaron que les encanta «absolutamente todo».
Uno de los aspectos más enriquecedores es que los alumnos llevan estas enseñanzas a casa y son numerosos los comentarios positivos que Ostíz ha recibido por parte de las familias. Natalia Zurbano es madre de una de las alumnas actuales de Arancha y expresa que está «encantada» porque les ayuda a reflexionar y aprender nuevas técnicas de relajación. «Mi hija siempre me cuenta las nuevas posturas aprendidas y es beneficioso porque las que son en pareja le permiten abrir nuevas relaciones». Por su parte, Roberto Estepa es padre de un alumno que ya está en secundaria, pero indica que «le ha venido muy bien» porque «ahora veo que recuerda alguna de las técnicas que Arancha le enseñó en su momento y las pone en práctica».