Hubo un tiempo en el que el neodesarrollismo llenó España de campos de golf (también de aeropuertos). Más de cuatrocientos se contabilizan en la actualidad, tres de ellos en La Rioja, la comunidad más pequeña que alberga uno de los 35 campos de titularidad pública (Campo de Golf de Logroño aunque su nombre está ligado desde sus inicios a La Grajera) y dos privados, Rioja Alta, en Cirueña, y Club de Golf de Sojuela, a apenas una quincena de kilómetros de la capital.
Con 320.000 habitantes en la región (aunque son muchos más los habitantes en el rango de una hora de conducción de Logroño, Sojuela y Cirueña), con los tres en funcionamiento la demanda riojana está, por ahora, más que cubierta. Pese a la popularidad del golf, las licencias para practicar este deporte son las que son. Eso sí, hubo una época en la que no se consideró así. Fue tal la fiebre por el deporte de los putts y los birdies, que en la misma época en la que germinaron estos tres campos (2003), se planearon otras tres instalaciones que duermen el sueño de los justos.
El Campo de Golf de Atamauri (despoblado de Haro), vinculado a la iniciativa Paisajes del Vino, ha quedado descatalogado -otro tanto sucedió con la instalación prevista en la vecina Labastida-, no pasó de las buenas iniciativas (pese a que se aprobó un plan urbanístico específico). Zarratón, próximo a Haro, también planteó unirse al deporte de los greens pero la idea no acabó por cristalizar. Otro tanto se puede decir de la iniciativa calagurritana de LaEstanca, también supeditada a un proyecto urbanístico de 1.100 viviendas, del que no ha habido noticias desde 2008.
Aunque la fiebre golfística no ha continuado en la región, hasta 31 instalaciones -de diferente tamaño- se totalizan en las provincias vecinas: Soria 'presume' de contar con dos, por cinco de Burgos y Zaragoza. En Álava, pese a su reducido tamaño, han florecido cinco (el más cercano a Logroño, el público de Izki), mientras que Navarra cuenta con catorce (no todos con 18 hoyos). Cantabria, no tan lejana para cargarse la bolsa de los palos, tiene once (la tradición cántabra se remonta a la época de Ballesteros) mientras que Vizcaya acumula seis por cinco de Gipuzkoa.
Al detalle. De titularidad municipal aunque de gestión totalmente privada desde su inauguración, el campo de Logroño bajo la batuta de FCCMedio Ambiente cumple ya 22 temporadas en activo.
El campo de La Grajera tiene entre su base clientelar a los usuarios de Logroño Deporte. Es por eso que apuesta por el golf formativo, con campañas de divulgación de esta modalidad entre los colegios y los intitutos de la capital riojana y del resto de la geografía regional.
La instalación logronesa evidencia un crecimiento de turistas procedentes de Francia, como consecuencia de su inclusión en la Asociación Golf y Vino, a la que también pertenecen Sojuela y Rioja Alta.
Por lo que respecta a Rioja Alta, el campo celebra en la actualidad su 21ª temporada y lo hace confiado en que la renovación emprendida en los últimos años dé sus frutos. Por un lado, los titulares de la instalación son los accionistas mientras que los usuarios del mismo son los cerca del medio millar de socios del club deportivo.
La instalación de Cirueña se ha hecho un hombre entre los jugadores de golf de País Vasco y Madrid (la gran mayoría de ellos con residencia en la promoción de viviendas desarrollada junto al complejo) y su apuesta a futuro es atraer al jugador logroñés, consciente de que son apenas 20 minutos (40 kilómetros)lo que dista Logroño de la instalación riojalteña. La temporada pasada concluyó con 16.000 usuarios.
Por lo que respecta al Club de Golf de Sojuela, el campo también vive temporadas de normalidad una vez 'pinchada' la burbuja y superada la covid, hasta el punto que con unos doce mil usos cada temporada, han experimentado un crecimiento de dos dígitos en los usuarios de otras comunidades y el extranjero. Aunque los usuarios de las instalaciones son de la capital riojana, su objetivo es fidelizar a los jóvenes practicantes.
«Pese al déficit en comunicación, han aumentado los usuarios franceses»
Aitor Santamaría (Bilbao, 1977) asumió la gerencia del campo de golf de Sojuela en plena pandemia. La que acaba de comenzar es la 19a temporada de una instalación que, en los últimos años, ha aumentado su tirón «entre los jugadores de las comunidades españolas pero, especialmente, entre los franceses». La causa de estos aumentos del 10-15% en este nicho se debe a «la Liga Golf y Vino, de la que formamos parte».
A la hora de crecer entre el público extranjero, dos son las limitaciones con las que se encuentra Sojuela y el resto de instalaciones riojanas: el déficit de comunicaciones y la falta de oferta golf-playa, que ha hecho de Andalucía el principal reclamo entre los amantes al deporte de los palos. «Nosotros utilizamos el aeropuerto de Loiu y Bilbao como reclamo. La Rioja no tiene playa pero sí que es cierto que sus atractivos permiten estancias de fin de semana-tres días que son ideales para jugar al golf, conocer la región y distrutar de la enogastronomía».
Santamaría, que antes fue responsable del campo de Cirueña, recuerda que jugar al golf no es oneroso: «Los palos para iniciarte y tirar varios años con ellos no son caros. Nuestro abono de temporada es de 1.200 euros, es decir, cien euros al mes, lo que cuesta cualquier gimnasio». Para los usuarios esporádicos, las tasas de uso ascienden a «45 euros, entre semana, y entre 55, los fines de semana», precio muy similar a lo que pueda costar un forfait de esquí.
Este experimentado gerente recuerda que la fiebre del golf ya pasó porque «solo el 0,6% de la población juega al golf. La población concentrada de Logroño es de 150.000 habitantes, es decir, poco más de un millar de jugadores».
«Nos falta posicionarnos más en el mercado logroñés y riojano»
Iñaki Letona (Bilbao, 1963) leva media vida en La Rioja aunque al frente de la junta directiva de Rioja Alta Golf Club solo desde marzo pasado (por un lado una S. L. es la titular del campo, con Coblansa,San Román, Gidex, Videco o Selprats como accionistas mayoritarios mientras que el club deportivo, homónimo, cuenta con poco menos de 500 socios). Tras recordar que este deporte «no es elitista aunque sí que haya campos exclusivos», señala que la ventaja competititiva que tienen sus instalaciones, y las del resto de la región, es «que en primavera y verano tenemos muchísimos visitantes del resto de comunidades».
Como sucede con Sojuela y Logroño, la presencia deRiojaAlta en la Asociación Golf y Vino le ha dado mucha visibilidad en el mercado francés: «Hemos crecido en este mercado porque los franceses aprecian mucho La Rioja, el turismo enológico y está claro que aprovechan para jugar en todos los campos». Pero, además, la entidad ha explorado nuevos nichos «porque de la mano de touroperadores estamos intentando entrar en el mercado británico».
El usuario principal de las instalaciones es el golfista «del País Vasco y de Madrid». «Nos falta posicionarnos más en el mercado logroñés y riojano», informa consciente de que, en realidad, la distancia entre la capital y Cirueña es de «solo veinticino minutos». «Lo bueno que tenemos nosotros», completa, «es que es un enclave nada masificado muy agradable para jugar al golf».
Desde 2022, el número de visitantes está aumentando «porque justo después de la Covid y de un año que hubo una gran sequía, hicimos una gran inversión para dotarnos de paneles solares y de nuevas bombas de agua».
«Nuestro principal cliente está en Logroño y en Logroño Deporte»
David Bedia (Pedreña, 1972) cumplirá quince años al frente de la gerencia de una instalación que ha puesto sus miras en fomentar el golf entre los jóvenes. Es por eso que han desarrollado un carné anual con precios ventajosos para los menores de 18 años (193 euros) y los estudiantes de menores de 25 (cercano a los 500). «Tenemos claro que nuestro principal cliente está en Logroño, y en La Rioja, y también en el usuario de Logroño Deporte», informa. De la mano de la empresa municipal, desarrollan campañas de promoción en los colegios y en el programa municipal «porque somos conscientes de que necesitamos jugadores de golf y para que los haya hay que fomentarlo».
En esta línea de trabajo, la instalación de La Grajera acoge la Escuela Municipal de Golf, en verano desarrolla un campus que aúna golf, pádel e inglés así como distintos campeonatos amateurs. Durante todo el curso, el campo abre sus instalaciones para que los escolares y universitarios conozcan de primera mano sus potencialidades.
Como el resto de campos, forma parte de laAsociación Golf y Vino. Esta sinergía comienza a dar sus frutos: «La promoción es una actividad lenta y costosa pero sí notamos retorno. El número de visitantes, especialmente franceses por la cercanía, está aumentando cada año. El golf es deporte pero también supone un atractivo turístico y el hecho de vincularlo a la enología y a la riqueza patrimonial de La Rioja es una ventaja». Sin dar cifra de usos, recuerda que «en pandemia se recuperaron antiguos usuarios y, en la actualidad, hemos pasado una meseta de usos, con un pequeño crecimiento, constante pero sostenido, que es lo importante».