El mundo del vino es uno de los motores económicos y sociales más importantes para La Rioja. La calidad de este producto tan alta da a esta región una categoría superior frente a otras pero para lograr esto hay que cuidarlo y trabajarlo constantemente.
Una parte de este cuidado y trabajo que hay que hacer con las viñas y las cepas está relacionado con la investigación. La Rioja tiene varios estudios e investigaciones enfocadas a esta dinámica, tanto en la Universidad de La Rioja (UR) como en el Instituto de Ciencias de la Vid y el Vino (ICVV).
Una de estas investigaciones la dirige la profesora de la Universidad de La Rioja e investigadora principal del proyecto, Cristina Menéndez Menéndez. Está acompañada por un equipo formado por cinco investigadoras, que son Carolina Castillo, Sara I. Blanco, María del Mar Hernández Álamos, Christina Elisabeth Pease y Purificación Fernández Zurbano.
Menéndez explica que el objetivo de su proyecto es mejorar, mediante técnicas de mejora como de manejo integrado de enfermedades, la capacidad de adaptación de las variedades de vid a las enfermedades y al cambio climático. «La principal ventaja es que dicha investigación presenta un enfoque multidisciplinar y multiestratégico», destaca.
Esta investigación busca generar nuevas variedades mediante la mejora genética convencional y las técnicas genómicas o mutagénesis, a la que vez que «se explota la biodiversidad que hay en la vid, es decir, los diferentes materiales que están ya presentes», apunta. El motivo de estas acciones es encontrar aquellos que tengan una mejor capacidad de adaptación, sean capaces de adaptarse al cambio climático y sean más resilientes a las enfermedades oidio o ceniza, y mildiu.
También se pretende reducir la cantidad de fitosanitarios que se aplican a la vid porque «este es un cultivo que consume mucho veneno», lamenta.
Otro aspecto importe de esta investigación es la genética, ya que «existen muchas herramientas para proteger a las viñas de las enfermedades», asegura la profesora de la UR. «Una de ellas es buscar resistencias genéticas y de esta manera, las vides consigan tener genes de resistencia que se expresen para que el patógeno no colonice la planta y no le haga daño», informa Menéndez.
Esta vía tiene un problema, ya que «es complejo generar nuevas variedades en un mundo tan tradicional como la viticultura», reconoce. La solución a este inconveniente es apostar por recuperar variedades que se cultivaron en el pasado porque eran menos productivas o por otros problemas. «Pero ahora se están volviendo a explorar para ver si tienen un mejor comportamiento frente a las enfermedades», resalta.
Nuevas variedades. Otra línea que sigue el proyecto es generar nuevas variedades a partir de materiales autóctonos mediante programas de mejora genética convencional. También se están explorando las nuevas técnicas genómicas, es decir, las nuevas variedades que tienen menos dificultades para mantener las características de calidad de la vid.
Menéndez explica que las investigadoras también siguen esta vía porque «cuando introduces genes de mejora de otras fuentes, lo habitual es que se pierdan las características de calidad de dicha variedad. Pero con estas técnicas la modificación es menor y nos permite mantener esas características», asegura.
Otra parte del proyecto consiste en la transferencia de todos los resultados de la investigación a viticultores y asesores. «Hay un paquete de trabajo con el que se va a dar formación para facilitar que se implemente esta estrategia global que tenemos», anuncia.
Dicha formación va a estar enfocada hacia los viticultores porque es manejo de material vegetal. «El objetivo es mostrar como elegir plantar variedades nuevas o que han sido recuperadas y presentan una serie de ventajas», señala.
Esta formación se dará en varias zonas ya establecidas. Una de ellas serán los campos demostrativos que hay ubicados en Valdegón y están formados por variedades resistentes. Otras zonas estarán localizadas en el País Vasco.
Otro punto importante es el tiempo. Las investigadores tienen un plazo límite para desarrollar esta investigación que busca mejorar la calidad de la vid de tres años. El proyecto empezó en febrero de 2024 y está previsto que finalice en enero de 2027. «Hemos explorado la biodiversidad buscando variedades minoritarias que se comporten mejor», concluye.