Entró en el mundo de la espadería hace una docena de años. Estaba interesado en una espada concreta y se vio obligado a comprar un lote completo que acabó revendiendo. «Aunque siempre me había llamado la atención, vi que había mercado y, en torno a 2015, me profesionalicé», confiesa el espadero -persona que hace, guarnece o arregla espadas, o que las vende- Eduardo Sáenz Merino (Logroño, 1984).
Primero desarrolló la web espadasymas.com, que amplificó con su presencia en redes (tres vídeos suyos superan el millón de visionados) al tiempo que abrió almacén en las inmediaciones de Logroño. Además de vender múltiples estilos de espadas, forma parte de eventos relacionados con la época medieval, participando incluso en la première española de la serie The Witcher.
«Es cierto que las espadas de acero más famosas son las de Toledo aunque también están muy cotizadas las armas de acero de Damasco, un tipo de forja que se perdió pero que ahora se ha recuperado con una aleación. Y, obviamente, Japón con sus katanas también ha marcado el camino», informa.
Pese a contar con un amplísimo catálogo, su producto más demandado es «la katana». «Es una locura el negocio del anime. Con mucha diferencia, son las que más se venden. Aunque las réplicas del Señor de los Anillos no pasan de moda, nos piden más katanas que espadas clásicas como puedan ser la Tizona, la Colada del Cid, el mandoble de Carlos V o la propia Excálibur». De las célebres reproducciones japonesas puede distribuir «veinte o treinta cada día».
El proceso de fabricación de la hoja puede hacerse en una jornada (cuenta con un taller de forja en Andalucía) aunque la empuñadura «puede costar mucho más». «Ha habido espadas que hemos tardado un mes en hacerlas», asume.
En cuanto al precio de estas armas blancas, reconoce que hay una amplia gama: «Las espadas decorativas pueden costar poco pero las funcionales, las de acero forjado, van de los 50 a los 12.000 euros».