Estudio destapa visión denigrante del putero hacia prostitutas

R. Muro
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La encuesta elaborada por la Universidad de La Rioja sitúa la edad de inicio de demanda de servicios de pago antes de los 21 años. Todos han consumido 'porno'. «Pagas 50 y no te importa si ella disfruta»

Estudio destapa visión denigrante del putero hacia prostitutas - Foto: Óscar Solorzano

Un estudio elaborado por la Universidad de La Rioja (UR) ha permitido trazar una radiografía de los perfiles, motivaciones y perspectivas sobre la prostitución desde el punto de vista del consumidor y arroja, en algunos casos, la confirmación sobre cuestiones que se daban por seguras y datos sobre el inicio de la demanda de este tipo de servicios. No obstante, lo que más llama la atención, y constituye un serio motivo de alarma, es la visión absolutamente denigrante sobre la prostitución que expresan los doce puteros encuestados para la elaboración del informe. Por partes.

El estudio, liderado por la profesora y directora de la Unidad de Igualdad de la UR, Andrea Gutiérrez, determina, a pesar de que la muestra es mínima por las dificultades de contactar con consumidores de prostitución, que la edad en la que se inicia la demanda está por debajo de los 21 años, e incluso dos de los encuestados, afirmaron haber acudido a una mujer en contexto de prostitución a los 16 años. En uno de estos últimos casos tempranos, fue «mi hermano» el que me incitó.

Por otro lado, el cien por cien de los encuestados por el estudio, aseguran haber consumido pornografía y «una mayoría de ellos, de manera muy frecuente y durante largas etapas de su vida». Vincula el informe de la UR, como han hecho otros tantos estudios al respecto, que «la pornografía es una puerta de entrada hacia la prostitución» teniendo en cuenta que la primera tiene muchos más consumidores que los servicios de prostitución, como también hace constar el estudio. Es más, y también se sitúa en un contexto de alarma, dos de los encuestados aseguraron que vieron 'porno' por primera vez a los 6 y a los 8 años mientras que otros dos se limitaron a responder que «desde niño», y la mitad de ellos la consume «a diario».

Entre los motivos que mueven a los encuestados a acudir a servicios sexuales de pago citan en cuatro ocasiones «perder la virginidad». También surgen respuestas vinculadas a «la excitación que produce el sexo acompañado de drogas y alcohol», «por deseo sexual» e incluso uno de ellos hace referencia a que debido a su «discapacidad  no tengo otras alternativas para tener sexo». Otro de los encuestados señala sin tapujos que «es una forma más barata, rápida y sin complicaciones» de practicar sexo. 

Las explicaciones aportadas por los consumidores se sumergen ya en un contexto absolutamente denigrante y «utilitarista» de la mujer en contextos prostitucionales. Uno de los sujetos encuestados apunta que mantuvo una relación de pareja durante tres años: «Hasta los 19 años fui el tío más afortunado del mundo porque no hacía más que follar y follar...luego esta tía me puteó bien», apunta sin ningún tipo de voluntaria censura sabedor de que la encuesta le mantendrá en el anonimato.  «Me hizo mucha pupita y estuve dos años sin nada de sexo hasta que me di cuenta -prosigue su relato- de que a ella (prostituta) igual también le gusta. Así que nada, pagas 50 euros, te quedas más tranquilo y no te importa si ella disfruta o no». El mismo encuestado matiza a continuación «que voy (a servicios sexuales de pago) por mí, no por ella».

El entrevistado que padece una discapacidad alega en su intervención estar en contra de la prostitución. «Conozco a muchas mujeres por la calle que me sonríen y me tratan como a un niño pero no quieren nada más conmigo», matiza. «Que se pongan en mi lugar y me digan qué harían», señala en el transcurso de su entrevista. 

«Sale mucho más barato». Otro de los puteros que accedió a ser entrevistado en el transcurso del estudio publicado por la Universidad de La Rioja traza una especie de comparativa económica entre lo que podría costarle una relación afectivo sexual o acudir a servicios de pago. «Sale más barata la prostitución, follas y te vas a casa contento, no tienes que aguantar problemas», apunta directamente mientras alude que «para mí es una necesidad fisiológica».

Abundan, señala el informe, los que observan la prostitución como un mero espacio de ocio y diversión. Ven los clubes o los pisos «como un lugar selecto masculino que para alguno de los encuestados se vincula también al consumo de alcohol y drogas. «De hecho, muchos de nuestros encuestados -detalla el informe- no solo reconocen ser consumidores de este tipo de sustancias de forma asidua, e incluso adictiva, sino que asumen que dicha ingesta es uno de los motivos que les impulsa a la demanda de prostitución». 

En este entramado denigrante de respuestas, surgen también lo que recurren a este tipo de servicios «para restituir avatares vitales» e incluso quien ve en la mujer en contexto de prostitución «como una terapeuta o confesora a quién contar sus problemas o complejos» como es el caso del entrevistado que acudía a clubes para ocultar su homosexualidad delante de su grupo de amistades.

Sin un perfil definido del demandante de sexo

Otra de las conclusiones que proyecta la radiografía de la prostitución desde la perspectiva del consumidor es que no existe un perfil bajo el que definir al demandante de servicios sexuales de pago. La encuesta realizada por la UR abordar a consumidores de diferentes edades y de nacionalidades española, venezolana, ecuatoriana y marroquí.  Tampoco se puede realizar una clasificación por ideología política ya que abarcan todas las corrientes, es decir, votantes de uno u otro partido, no votantes, anarquistas, de izquierdas o de derechas. 

En cuanto a la formación académica, se encuestó a un filólogo, a un abogado, a un informático, a un gestor de empresas, un psicólogo, varios con ciclos formativos de FP y uno que superó la EGB. 

Tras su formación académica y ya desde una perspectiva profesional, los encuestados se dedican al sector de la construcción, a la carpintería, a informática, uno asegura ser autónomo, otro trabaja en una bodega y otro más continúa con sus estudios de formación. Es decir, un amplio abanico de perfiles que no permiten trazar, tal y como concreta el estudio de la Universidad de La Rioja, denominadores en común.

Tampoco las condiciones de vida actuales de los encuestados se ajustan a un perfil concreto. Ingresos diferentes, propiedades inmobiliarias o bajo un régimen de alquiler.

El análisis de aficiones, una vez más, es de las más variopinto entre los encuestados, desde escribir y ver series a la práctica deportiva pasando por el senderismo, la lectura o salir de fiesta. Nada en común. 

Y sobre la familia, tanto la actual, como en la que se criaron, situaciones también variadas: padres religiosos, infancia perfecta, con padres autoritarios, madres más permisivas, progenitores separados, recuerdos gratos de su niñez...

Y en la actualidad, uno continúa casado, otro está separado y el resto aseguran ser solteros, incluso alguno aún no se ha emancipado de la casa paterna.

Una muestra variada que no permite establecer un perfil de consumidor de prostitución.