"Estuve casi dos años sin cobrar cuando trabajaba de logopeda"

David Hernando Rioja
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Angelines Del Pozo Del Pozo fue la primera logopeda de La Rioja, que empezó a trabajar en 1977 y decidió jubilarse en 1995. Ha trabajado durante toda su carrera en el antiguo hospital San Millán con personas operadas de laringe o niños con dislalias.

Angelines Del Pozo Del Pozo en el salón de su casa - Foto: Carlos Caperos

El Colegio Profesional de Logopedas de La Rioja va a rendir homenaje a la primera logopeda que ejerció esta profesión en esta comunidad autónoma, Angelines Del Pozo Del Pozo (La Rioja, 1931). El acto tendrá lugar hoy viernes a las 19 horas en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de La Rioja. El objetivo es celebrar su trayectoria, compartir experiencias y agradecer su dedicación y compromiso en esta profesión.

El homenaje está enmarcado en la exposición titulada "Mujeres que dan Palabra", en donde se resalta la labor de mujeres que han sido pioneras en diferentes comunidades autónomas. Angelines, la protagonista de esta historia, es una mujer de 93 años que recibió a El Día de La Rioja con una sonrisa y dispuesta a relatar su vida.

¿Por qué se hizo logopeda?

Vivía en Venezuela pero tuve que regresar para estar cerca de mi familia, ya que mi madre era mayor. Mi hermana Carolina vio en una revista que promocionaban cursos de logopedia en el Gran Hospital del Estado Diego de León en Madrid a los que pude acceder gracias a que era maestra. Cuando acabé el curso me vine a Logroño y me presenté en el departamento de Rehabilitación del hospital San Millán. Les mostré el programa del curso que había hecho y me dijeron que era lo que el hospital necesitaba, así que empecé a trabajar prácticamente al día siguiente.

 

¿Cómo fueron esos inicios?

Empecé a trabajar en el año 1977. Mi primer paciente fue un señor recién operado de laringe pero no me dio muy buenos resultados porque era muy mayor. Pero después me enviaron a otros que eran más jóvenes y estaban mejores condiciones. Estos hablaban perfectamente a la semana. 

Aquí en Logroño no había nadie que supiera sobre logopedia, por eso buscaba todos los medios posibles para documentarme, como libros o consejos de expertos de otros lugares… Solo había seis o siete hospitales en España con logopeda, ubicados en Madrid, Zaragoza, Salamanca, Barcelona o Málaga, entre otras ciudades.

 

¿Hubo dificultades?

Estuve trabajando desde agosto de 1977 pero nadie me pagó nada durante casi dos años. Aun así buscaba los medios para lograr la plaza de logopeda en Logroño y viajé a Madrid varias veces con mi familia para llevar la documentación necesaria. Además, el departamento de rehabilitación del Hospital San Millán tenía mucho interés en que saliera esta plaza. Finalmente conseguí la plaza en 1979, dos años después de empezar a trabajar como logopeda.

 

¿Cuál era el perfil de los pacientes a los que atendía?

Atendí a muchas personas que habían sido operadas de la laringe. Estas venían asustadas, acomplejadas y no podían hablar pero en una semana se podían volver a comunicar. 

También he atendido a niños con dislalias y dislexias; a profesores y cantantes que forzaban la voz y padecían disfonías, y a pacientes afásicos.

 

¿Cuáles eran las técnicas que usaba como logopeda?

Cuando venía un paciente operado de laringe hacíamos ejercicios de relajación y respiratorios, además de que se le masajeaba la garganta. La voz se producía por medio de un eructo, así que era muy reconfortante cuando una persona conseguía hacerlo, ya que veías que a los pocos días podían hablar.

 

¿Sintió el apoyo de compañeros y pacientes?

Nos ayudábamos mutuamente. Algunos pacientes iban a la inspección del hospital para reclamar que yo cobrara un sueldo. Se preguntaban como era posible que a ellos les pagaran un dinero para ir del pueblo a Logroño para ser atendidos  y a mí no me pagaran nada por atenderles. Solo he recibido cariño de la gente que he atendido.

 

Aunque llevas 30 años jubilada, ¿ha seguido en contacto con la profesión?

Como tenía la asociación riojana de operados de laringe, seguíamos apoyándonos. Cuando me jubilé seguí hasta que pude ayudar a los operados de laringe pero luego mi familia me necesitó. Eran ya mayores, mi madre había fallecido en 1979 y mis hermanos, que eran 6, fueron muriendo poco a poco. También la asociación fue dirigida sin una persona que les motivara, y finalmente cerró. No pude continuar todo lo que quise pero la asociación fue un desastre al final, no sabían como dirigirla.

 

¿Puede contar alguna anécdota de su extensa carrera?

Recuerdo una en la que el protagonista es un señor que se llamaba Marcial y trabajaba en La hoya, La guardia. No podía hablar bien pero después de venir conmigo empezó a comunicarse bastante mejor. Un día, en la peluquería, cuando ya hablaba bastante bien, una señora escuchó decirle la frase: «A Angelines hay que hacerle una estatua porque yo no hablaba pero ahora puedo seguir trabajando». Yo siempre he sido feliz haciéndoles feliz a ellos.

 

¿Se considera un ejemplo a seguir?

Estoy muy agradecida porque se han acordado de mi con este homenaje pero no era necesario. También les deseo lo mejor a ellas aunque lo van a hacer mejor que yo porque hay mucha más preparación e incluso carrera universitaria. Llevo 30 años retirada pero cuando trabajaba era sumamente feliz porque los operados de laringe y todas las personas a las que atendí eran maravillosas. Incluso ahora me encuentro a muchas personas que me reconocen y se acuerdan del trabajo que hacía.