En Inglaterra, el Liverpool tiene media Premier en el bolsillo (nueve puntos sobre el Arsenal); en Alemania, tres cuartos de lo mismo (ocho del Bayern sobre el Leverkusen); y todavía la cosa está más clara en Francia, donde el PSG aventaja en 13 al Marsella. En España, se escapó el Barça y se dejó agarrar; se le fueron Real Madrid y Atlético pero volvió a engancharles… Ahora, con solo un tercio de la competición por delante, todos ellos vivos y candidatos en la Champions, están pegados. ¿Significa que tenemos mejor competición que otros? No necesariamente, pero sí más emocionante: cada paso a partir de ahora se realiza sobre una finísima capa de hielo. El hecho de que cualquier error pueda ser letal añade un plus de tensión a cada jornada… y de repente aparece un nombre extraño en el horizonte: 'golaverage'. Tal vez la 'ocurrencia' de olvidarse un poco del famoso 'ADN Barça', traerse a Flick y su idea de defensa arriesgada y ataque en tromba, lo que permite al Barça ser hoy el líder (además del 0-4 del Bernabéu), termine siendo aún mejor de lo que se estima actualmente.
El genio
En esa guerra, el nombre propio de la jornada fue el de Luka Modric. Cualquier buen aficionado vive asomado al balcón de los últimos coletazos de los genios del deporte, consciente de que algún día faltarán. Nadie le pide ya nada. Mucho menos 90 minutos. Solo con mantenerse en pie ya tendría ganada media ovación -algo que, por cierto, colecciona con relativa asiduidad en otros campos-. Así que un poco de Luka es mucho fútbol: se le admiraba por su presencia pero ahora también por su pronta ausencia. Son ya 39 años (el 9 de septiembre cumplirá 40) y aún le quedan toque e instinto para clavar golazos como el que abrió la lata del Girona y otro triunfo del Madrid. Que el fútbol de élite aún permita a los grandes, siempre pendientes de las nuevas perlas, exhibir a sus viejas glorias (y, sobre todo, hacerles sentir que siguen siendo útiles) es un detalle exquisito.