Cambios a toda marcha

Bruno Calleja Escalona
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La expansión del automóvil alentó la apertura de concesionarios por toda la ciudad. En el entorno de la Plaza Europa, antaño industrial, solo queda hoy el recuerdo de la popular casa Citroën

Concesionario Citroën en la actual Plaza de Europa. En la imagen de 1972, al fondo el edificio de sindicatos, en Pío XII. El bloque de la Citroën mantiene su empaque, pero ya sin coches. - Foto: Archivo de Taquio Uzqueda

La llegada de los primeros automóviles revolucionó la movilidad en los cascos urbanos. Las periferias de las ciudades dieron paso a grandes avenidas y pronto el automóvil pasó de ser un artículo de lujo a un elemento de trabajo y un medio de transporte.

 La llegada del tren a Logroño en 1863 fue un importante hecho histórico de gran trascendencia para la ciudad. A la par que los ferrocarriles, los vehículos a motor, autobuses y automóviles fueron popularizándose. En 1900 el número de automóviles apenas superaba los 200, una cifra que en pocos años se convirtió en miles.

En Logroño, el primer coche, un Doble Faetón, propiedad de Julio Ortiz de Lanzagorra, se matriculó el 22 de noviembre de 1905, con la placa LO-1. Pronto, el parque móvil fue extendiéndose a  otros municipios, como Haro o Navarrete. En los albores de la automoción riojana había marcas como Renault, Mercedes o Hispano Suiza. Sus propietarios eran mayormente empresarios o personas de clase acomodada, como Isidro y Francisco Íñiguez, alcaldes de Logroño, o Hipólito Bergasa, entre otros.

Pronto los vehículos empezaron a ganar terreno en las ciudades y su uso a popularizarse, a la vez que Logroño crecía hacia el sur. En la denominada Belle Epoque, o periodo de entreguerras, el automóvil se consolidó como forma de transporte, llegando su auge después de la Guerra Civil. En esos momentos había en Logroño venta de coches nuevos y de segunda mano, con una amplia variedad de vehículos en el mercado. Uno de estos vendedores era Marcelo Escalona, representante de la casa De Doria, que contaba en su catálogo con marcas como Fiat o Hispano Suiza, entre otras.

El paso de los años y, con la expansión de la ciudad aparecieron polígonos que dieron cabida a nuevos concesionarios automovilísticos, como el de Citroën, ubicado en la Plaza de Europa, parte del cual ocupaba los bajos de un edificio construido 1961 por Rubén Tirso San Pedro, en la esquina con Avenida de Colón. El entorno ha cambiado mucho al  transformarse todo el suelo industrial que existía en la zona en bloques residenciales y desaparecer la antigua estación de tren, de manera que el único testigo que queda de aquella época en la Plaza de Europa es precisamente ese bloque de pisos.