"Es muy duro cubrir la llegada de pateras u otras desgracias"

David Hernando Rioja
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La fotoperiodista, Elvira Urquijo, recibió ayer la insignia de oro de la Asociación de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión (AiG). Una profesión que lleva en la sangre y que le ha permitido vivir momentos que probablemente nunca olvide

La fotógrafa Elvira Urquijo (Las Palmas de Gran Canaria, 1967) en su visita a Logroño - Foto: Óscar Solorzano

Toda una vida apuntando y disparando con el objetivo de una cámara mostrando escenas históricas que toda España guarda en su memoria, como la erupción del volcán de La Palma, o la llega de inmigrantes a las costas de Canarias, entre otras.

Esta labor ha hecho que Elvira Urquijo (Las Palmas de Gran Canaria, 1967) sea merecedora de la insignia de oro que concede la Asociación de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión (AiG) de La Rioja. 

Una fotoperiodista incansable que fue la primera mujer fotoperiodista contratada por EFE. Llegó a Logroño el miércoles después de trabajar hasta las 22 horas del día anterior fotografiando las inundaciones que se produjeron en el aeropuerto de  Gran Canaria.

¿Qué significa para usted esta insignia de oro?

Es un honor y una alegría muy grande porque es la primera vez que premian por hacer mi trabajo. Muy contenta porque veo que en España se tiene en cuenta a los compañeros y se premia la dedicación al trabajo del día a día. 

 

¿Se esperaba recibirla?

Me extrañó cuando me llamaron por teléfono para decírmelo porque he desarrollado mi trabajo en Canarias. Es verdad que trabajando para la Agencia Efe he viajado pero es muy difícil que mi trabajo haya llegado a conocerse aquí en La Rioja. Es la primera vez que me dan una distinción como esta aunque es cierto que no me prodigo mucho ni me presento a concursos ni premios de fotografía. Me sorprendió muchísimo. 

Su padre también fue fotoperiodista de EFE. Imagino que lleva la profesión en la sangre.

Soy una anomalía periodística porque casi todos mis compañeros han llegado primero a la fotografía como aficionados y luego el camino profesional que han cogido ha sido el de la prensa, no el de otro tipo de fotografía. Pero yo nací con el fotoperiodismo en casa, ya que mi padre era fotógrafo y con tres o cuatro años le ayudaba a revelar fotos, e incluso mi padre me llevaba con él a trabajar.

He llegado a la fotografía de prensa porque era a donde quería estar y es lo que he vivido desde pequeña. El camino estaba un poco marcado aunque mi padre al principio no quería mucho que fuera así. Pero luego se rindió a la evidencia. 

 

En estos años de carrera ha fotografiado de todo. ¿Qué es lo que más recuerda?

El volcán de la Palma fue una desgracia porque mucha gente perdió toda su vida, sus recuerdos, sus casas y sus fincas pero el espectáculo que me dio la naturaleza para fotografiar fue algo fuera de todo mi pensamiento. Me llamó poderosamente la atención.

No puedo pasar por alto otras fotos que me han impactado, como las relacionadas con la inmigración o cualquiera en las que haya alguna desgracia humana. Esas son las que más me impactan y las que más me cuesta hacer. Todos los fotógrafos nos escudamos detrás de la cámara mientras vas haciendo el trabajo pero cuando estás en tu casa hay que procesar todo eso. Es muy duro hacer la llegada de pateras o cualquier desgracia humana. 

 

¿Le viene  algún recuerdo en particular?

Recuerdo cuando se cayó el avión de Spanair en el vuelo entre Madrid y Gran Canaria. No tuve que ir hasta la capital pero me tocó hacer todos los funerales y la llegada de los cadáveres a la isla. Fue terrible ver el dolor de esas personas porque me quebraba el alma.

Las imágenes que más impactan son en las que está implicado el dolor humano y te sobrepasa. Pero también hay fotos muy divertidas y en las que te puedes recrear, como los carnavales en Canarias. Te puedes salir de los márgenes, de la foto periodística del día a día y hacer un poco más de arte. Me ha tocado hacer de todo. 

 

Emocionalmente tiene que se complicado gestionar todas esas emociones. ¿Ha necesitado ayuda psicológica después de hacer esas fotografías?

Lo llevo bastante bien pero es cierto que hay momentos que hay una gota que colma el vaso y ese día te desarma. Me acuerdo una vez que estuve cubriendo el aniversario del accidente del Spanair cuando me desarmé como una niña pequeña porque no pude controlar el llanto. Todo estuvo unido a que me pilló en un mal momento personal y fue un acto emotivo. Normalmente no he necesitado ayuda profesional porque hablamos entre compañeros. Ha habido días duros y lloras por el camino pero luego se pasa.

Entiendo la pregunta porque tengo amigos que han ido a hacer fotografía de guerra y ellos si que la necesitan porque el contraste es mucho más fuerte que lo que yo hago. Puede ser que me enfade porque cuando muestro una foto de unos inmigrantes en patera me dicen que es una más, pero no es así porque detrás de cada persona hay una historia desgarradora.

 

¿Usted sería fotoperiodista de guerra?

Alguna vez que ha habido un rescate más complicado he llegado algo tocada a casa y he llorado un poco pero sé que a una guerra no sería capaz de ir por el contraste que se produce cuando vuelves. Te planteas como la vida puede seguir igual cuando a dos horas en avión están matando a gente. No te tienes que ir ni siquiera a la otra parte del mundo. Esas son las injusticias de la vida.

 

Después de tantos años en la profesión, ¿cuál diría que es el mayor problema de la profesión?

El gran problema del fotoperiodismo siempre ha sido el intrusismo profesional. Lo que pasa es que ahora es brutal porque antiguamente tener una cámara de fotos era un capricho muy caro, mientras que hoy en día los móviles tienen todos cámara y todo el mundo se cree fotógrafo. La fotografía en si misma es un arte, ya que plasmar una realidad de tres dimensiones en dos y que te de toda la información que necesitas tiene su trabajo. Pero la gente no se plantea eso, sino que simplemente dispara, la sube a instagram y eso es lo que vale.

 

Y por último, ¿qué consejo le daría a los más jóvenes para sacar una buena fotografía?

Como todo en la vida tiene dos partes. La parte teórica y otra de ensayo y error. Creo que esta profesión es vocacional y muy sacrificada, además de que hay que tener cierto don para hacer las fotos. Se pueden hacer muchas fotografías pero en mi campo tienes que saber meter toda la información en una, dos o tres imágenes de dos dimensiones. Eso se va desarrollando y luego lo haces de forma intuitiva. Hay gente que lo tiene y otros que no, aunque es cierto que se puede educar hasta cierto punto a base de mucho trabajo.