31 de marzo de 2019. Ayer, lunes, se cumplieron seis años del último debut de un riojano en la pelota profesional. Fue en silencio, sin ser recordados por nadie excepto por el propio protagonista. Javier Zabala dio el saltó a la élite pelotazale en un Adarraga con el rebote como una olla a presión, repleto de sus amigos, en un partido que terminó ganando con Martija a Ezkurdia y Untoria por 22-19. Un día especial, como él mismo reconoce. Inolvidable. "Diferente a cualquier otra sensación". Una sensación que ni él, ni cualquier otro riojano ha podido experimentar en los seis últimos años. Seis años. 2.193 días en los que la pelota profesional pasa de largo en La Rioja. La tendencia evidencia que, salvo cambio radical en el guion, lo seguirá haciendo.
Son muchos los indicadores que lo demuestran. Los debuts, por ejemplo, son un fiel reflejo de la actualidad. Desde que debutara el pelotari logroñés como delantero en las filas de Aspe, ha habido 20 debuts en pelota profesional. 20 debuts de los 42 pelotaris que tienen en nómina ambas empresas, de los cuales 22 son de Aspe y 20 de Baiko. Casi la mitad, un 48% del total de pelotaris profesionales, han debutado desde aquel 31 de marzo de 2019. Once lo han hecho como trabajadores de Aspe Pelota y nueve, en la empresa rival, Baiko Pilota. El reparto geográfico de estos 20 también resulta significativo, puesto que doce de estos deportistas han sido guipuzcoanos, cinco son navarros, dos alaveses y tan solo uno era vizcaíno. ¿Riojanos? Cero
Lo cierto es que La Rioja, desde que se tienen registros en ambas empresas no había encadenado, hasta ahora, seis años sin celebrar el debut de uno de sus muchachos en ciernes al que se le brinda una oportunidad 'de arriba'. Con la creación de Asegarce, allá por 1992, eran trece los riojanos que estaban en filas de la promotora vizcaína: Gorostiza, Iturza, Mínguez, Arroyo II, Nalda III, Rai, Barberito VI, Berna, Muntión, Salaverri, Santi y Titin III. Seis años después, con la creación de Aspe, a esta lista se le unieron cinco pelotaris más: Arroyo III, Dani, Gabarri I y Gabarri II (hermanos) y Matute III.
Después, desde el 2007, llegó algo más que una década prodigiosa para la pelota riojana. Fue Miguel Merino 'Merino I' quien abrió la veda en julio del 2007 con el debut de once pelotaris en los próximos doce años. Le siguieron Cecilio (2009); Rico IV, David Merino 'Merino II' y Gorka (2010); Untoria (2011); Víctor (2013); Darío (2015); Salaverri II (2016); Pedro Ruiz (2018) y Zabala, el último en estrenarse. Dos años era lo máximo que teníamos que esperar los riojanos para ver como uno de los nuestros daba sus primeros pasos en la pelota. Ahora la cuenta acaba de cumplir su sexto año… y sumando. No se sabe hasta cuando.
Se desconoce porque un precontrato tampoco significa mucho. El precontrato. Ese bisoño acuerdo con el que tanto Aspe como Baiko pactan con los jóvenes pelotazales unas bases y principios de pertenencia a la empresa. A día de hoy, con Aspe han firmado precontrato Carmelo Loza (2004), Álvaro Canseco (2006), David Salinas (2008); si bien Javier Tuesta 'Paraguayo VII' (2009) lo tiene con Baiko. Solo cuatro riojanos en la órbita de pelota bicefalia. Y otros tantos que sin precontrato también se lucen en pelota aficionada, ya sean Óscar Lerena, Jorge Fernández o Sergio Gutiérrez.
CADA VEZ MENOS. Sin embargo, estos números de pelota riojana no solo son escasos en cuanto a pelotaris. También hay otras señales, como la celebración de festivales. Desde aquel debut de Zabala, desde hace seis años, La Rioja ha acogido 31 festivales de grandes campeonatos. Aquí se incluyen el Manomanista, el Parejas y el Cuatro y Medio (de Primera y Promoción/Serie B), así como el Masters Caixabank, que entró en escena un año más tarde, desde 2020. Quedan fuera de la ecuación torneos de verano como La Blanca en Vitoria, San Fermín en Pamplona, Aste Nagusia en Bilbao o San Mateo en Logroño.
31 festivales de pelota que se han celebrado en diferentes puntos de la geografía riojana. 15 se han jugado en Logroño, si bien el resto se han disputado en pueblos como Ezcaray (5), Nájera (3), Albelda (2), Fuenmayor (2), Baños de Río Tobía (1), Huércanos (1), Cenicero (1) o Medrano (1).
Dicen que las comparaciones son odiosas. Pueden serlo más todavía si evidencian unos números alarmantes para los intereses riojanos. En seis años, desde 2019 hasta el día de ayer de 2025, todas las localidades de La Rioja han acogido en su conjunto 31 festivales, de los cuales 15 han sido en la capital. Por ponerlo en contexto, solo el año pasado, el frontón Bizkaia (Miribilla) de Bilbao acogió 15 festivales de los grandes campeonatos de pelota profesional, misma cantidad que Logroño en los últimos seis años. Si nos vamos a Pamplona, la capital navarra pudo disfrutar de 28 tardes de pelota al máximo nivel en 2024, casi las mismas que toda La Rioja en seis años. Asombroso. Para mal.
El número de festivales en La Rioja, además, decrece. Cada año que pasa, la pelota profesional mira cada vez menos al territorio riojano. En 2019, hubo cinco festivales en La Rioja entre Campeonatos del Cuatro y Medio, Manomanista y Parejas. Al año siguiente, este número aumentó hasta los ocho, incluyendo por primera vez el Masters Caixabank. Desde el año de la pandemia, el número ha disminuido progresivamente. Siete hubo en 2021. Cuatro en 2022, de los cuales solo uno se hizo en Logroño. Cifras idénticas tuvo 2023, cuatro y solo uno en la capital. Ya el año pasado, solo se celebraron tres festivales, ninguno en Logroño. El Masters Caixabank hizo dos paradas, en Fuenmayor y Ezcaray. Y el 4 y ½ se detuvo en Ezcaray acoger una eliminatoria previa entre Darío y Salaberria. Para más inri, perdió el pelaire en su tierra.
De cinco a ocho. De ocho a siete. De siete a cuatro. De cuatro a cuatro. De cuatro a tres. Y de tres… habrá que ver si el Adarraga o algún otro frontón riojano acoge un festival este año. De momento acaba de terminar el Parejas y ninguna de sus citas se ha disfrutado en tierras riojanas. Los partidos programados del Manomanista, por lo pronto, tampoco tienen prevista parada alguna por la tierra del vino. Una tierra que parece difuminarse y que, aparte de diez días consecutivos en el mes de la vendimia, disfruta cada vez menos del chasquido de la pelota contra el frontis.