"Antes había colas en la tienda; hoy las cifras no salen"

G.B.
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Natalia bajará la persiana en las Cien Tiendas, tras 32 años en el comercio de moda. Internet y los cambios sociales por la pandemia condenan a un negocio familiar antaño floreciente

Natalia Zabalza está en proceso de liquidación de toda la ropa que aún tiene en su tienda para poder cerrar el negocio, ante la caída de las ventas. - Foto: Óscar Solorzano

Un recorrido por el centro de Logroño, antaño un referente comercial que traspasaba fronteras, permite calibrar el alcance de la crisis que aqueja a las tiendas de proximidad. En muchos casos, las persianas se bajan para no volver a subir por la jubilación de quienes llevan décadas detrás de un mostrador, que ni cuentan con relevo familiar ni encuentran quien quiera seguir con el negocio; pero el cierre no siempre llega en el momento del merecido retiro laboral

«Las cifras no salen y cuando eso ocurre hay que irse», explica Natalia Zabalza, de 50 años, propietaria de la tienda IKKS Women Junior, que tomó el testigo de su madre en el negocio de la moda y que ahora, tras años florecientes, anuncia en su escaparate la liquidación total por cese de actividad. 

Las cuentas de este negocio de tradición familiar, antaño muy rentable, no cuadran para poder contratar a una dependienta, lo que hace inviable para Natalia poder llevar en solitario toda la carga de trabajo que exige la tienda. 

La tienda, con la estética de la franquicia francesa IKKS, especializada en moda de mujer, hombre y niño, transmite una imagen moderna, aunque en realidad el negocio del número 18 de Doctores Castroviejo es heredero de la tienda de ropa Nachos que la madre de Natalia atendió durante 50 años en la cercana Ciriaco Garrido. «Recuerdo que en aquella época era una de esa tiendas en las que hay fila para pagar», recuerda. Cuando su madre se jubiló, Natalia se hizo cargo del negocio. Hoy, con 32 años de andadura como comerciante, trata de liquidar todas las existencias que tiene en su local para echar el cierre y buscar otro trabajo. 

Una de las razones de esta comerciante para cerrar es bien conocida y extensible a un sinfín de pequeños negocios similares: el boom de las ventas por internet. En su caso, como franquiciada, sufre además una cierta competencia de su propia marca, que ofrece en su plataforma online facilidades a la clientela, como la devolución del dinero, cuando ella solo puede hacerlo con un vale. 

Pero además, la dueña de la tienda logroñesa de la cadena IKKS marca un antes y un después en la crisis del pequeño comercio con la pandemia del covid. «Desde la pandemia han cambiado muchísimo las prioridades; antes, la gente se gastaba mucho en ropa y otras muchas cosas y ahora esas prioridades han desaparecido», comenta.

La crisis sanitaria no solo condicionó el modo de vivir de la ciudadanía durante tres años, sino que marcó «un punto de inflexión» en las tendencias de gasto. «Ahora, la gente prefiere gastar más en ocio, en viajar y en otras cosas», relata Natalia Zabalza, que no ha tanto tenía entre su clientela fija a familias enteras que se han vestido en su tienda, desde pequeños a mayores. «Ahora, con la gente joven, no he cogido esa misma clientela desde cero; se me ha ido la que tenía y no me ha entrado clientela nueva de ese poder adquisitivo de vestir a los hijos y gastarse dinero en la ropa», apostilla.

¿Al textil le va especialmente mal en esta difícil coyuntura que aqueja al pequeño comercio? Según esta comerciante de las Cien Tiendas, su sector «está sufriendo muchísimo», aunque a renglón  seguido matiza que «está todo fatal». 

Como para muchos otros comerciantes, el precio del alquiler del local que la propietaria de la tienda IKKS tiene en la peatonal Doctores Castroviejo también empuja en contra de la rentabilidad.

 

«Pensaba jubilarme aquí». «Todo influye;hay muchos costes, haces cuentas y a final de mes para que me salga un sueldo y estar aquí sola y no poder vivir porque estás esclava de la tienda, no me compensa». Una vez que la persiana de esta tienda baje para no volver a subir tocará buscarse la vida con 50 años. «Yo que pensé que me jubilaría aquí, igual que mi madre, y ahora tendré que empezar de cero...», se lamenta Natalia, con una mezcla de resignación y humor. 

 

La obra fallida de las Cien Tiendas, un escollo más

«Es una pena». La escueta frase resume en tres palabras el sentir de Natalia, una de los muchos comerciantes de las Cien Tiendas, con relación al desangelado aspecto de lo que hace décadas era el orgullo comercial de Logroño y hoy languidece tras un rosario de obras fallidas que no favorecen a la atracción de clientes. Pero la crisis y el cierre de negocios no se circunscribe a esta entorno peatonal. No lejos, en avenida de Colón, dos comercios de larga trayectoria, La Plata, tienda de lencería y corsetería, y Alfombras Colón, separadas por apenas cien metros, anuncian en sus escaparates liquidaciones totales por cese de actividad, en ambos casos por jubilación. Natalia comenta que recientemente visitó a un amigo con negocio en Hermanos Moroy y se percató de la cantidad de locales cerrados también en esa céntrica zona de la ciudad.