«Hacemos vino de Rioja, pero también hago 'marcianadas'»

El Día
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Jesús Manuel García Ortega dejó la gerencia de una bodega para elaborar sus propios caldos al frente de Mazuela, donde pone en marcha toda su creatividad y sapiencia enológica

Jesús Manuel García Ortega, con algunas de las referencias que elabora en Mazuela. Abajo, parte de su instrumental de trabajo. - Foto: Carlos Caperos

El sector de Rioja se halla ante una difícil disyuntiva aunque no todas las bodegas sufren con la misma virulencia el estancamiento de las ventas. Mazuela, el personalísimo proyecto de Jesús Manuel García Ortega (Hormilla, 1974), capea la crisis con vinos frescos, modernos y atrevidos. Licenciado en Empresariales por la UR y máster de Enología por la Unviersidad del País Vasco, decidió hace una década dar una volantazo a su carrera. «Toda mi familia está ligada a la viticultura y yo, durante muchos años, he sido gerente de bodega pero decidí hacer mis propios vinos», rememora.

Esta arriesgada apuesta se ha traducido en diez referencias que han satisfecho la demanda de los paladares más exigentes.«Tenemos seis referencias de Rioja y cuatro de otras denominaciones. Hacemos vino de Rioja, pero también otras 'marcianadas'», informa. Y entre estas excentridades figura un vino elaborado en Campo de Borja, un Albariño que lleva por nombre Vid vid, nombre onomatopéyico que, además de evocar una de «mis 'marcianadas'», recuerda a clásicos modernos de serie B como Mars Attack, y un vermuth tan riojano como andorrano: Raimuth.

«Junto con Rubén, mi compañero en la bodega, buscamos vinos con un sabor diferente, salirnos de la norma. Me encantaría poder hacer un vino cien por cien con mazuela», se plantea como reto. Está convencido de que el cambio climático facilitará esta pretensión.

De su pipeta salió Stelvio, el primer caldo que comercializó con Mazuela, un tinto que brota del terroir cenicerense pero que mira a las cumbres dolomíticas. Posteriormente le siguieron Liante, Todo va a salir bien o Corazón indomable, nombres que perduran en la memoria y en el paladar.

Sabe que no es fácil dar con la fórmula para decantar un buen vino pero que la enología, como cuaquier otra práctica, tiene mucho de transpiración y solo un 1% de inspiración aunque entre pipetas, alambiques y alquitaras se siente «de lo más inspirado».