«Parece una zona de guerra». Así describía anoche el alcalde de Viguera, Álvaro Manzanos, el paisaje que dejó el derrumbe de la torre de la Iglesia. Pese al sentimiento de desolación por la pérdida de un importantísimo elemento del patrimonio histórico artístico de la localidad, Manzanos no pudo evitar respirar aliviado al conoce que el derrumbe no había causado heridos. «Todo son daños materiales y eso es lo más importante» recalcó.
La torre cedió sobre las 21.45 por causas que la Guardia Civil investigaba anoche. Un gran estruendo sobresaltó a los vecinos, que se esperaban lo peor al ver el alcance del derrumbe. Las piedras se amontonaban junto a la igleisa y la torre que hasta entonces se erguía desafiante había desaparecido de la vista.
Tras el susto inicial, lo siguiente fue comprobar que no había nadie herido, algo que resultaba difícil de creer a la vista de lo ocurrido. «Afortunadamente ha ocurrido ya de noche. Si se hubiera caído a otra hora habría causado una desgracia», añadió Manzanos.
Los cascotes también afectaron a dos casas aledañas, cuyos residentes, al margen del impacto, no sufrieron ningún percance. También sufrieron daños de consideración al menos cuatro vehículos que permanecían aparcados en las inmediaciones del templo que, al parecer, solo se vio afectado en su cubierta. «Hemos visitado el interior de la iglesia con los bomberos y no tiene daño alguno. El tejado sí está afectado porque está anexo a la torre y hay piedras que han caído sobre él», ha explicado el alcalde.
Pese a que aparentemente el derrumbe solo había causado daños materiales, varias dotaciones de bomberos, así como los servicios de asistencia sanitaria continuaban bien pasadas las once de la noche en el lugar de los hechos para comprobar que nadie había resultado herido. Al cierre de esta intención, la Guardia Civil tenía la intención de trasladar a Viguería perros especializados en rescate para constatar que no había nadie atrapado bajo los escombros.
Una vez descartado cualquier daño personal, esta mañana está previsto iniciar las primeras tareas de desescombro, lo que permitirá también analizar con mayor precisión el alcance del derrumbe. Será entonces cuando comience también la investigación para determinar las causas del colapso de la torre, que hasta el momento no había dado ninguna muestra de estar en mal estado estructural. «No habíamos visto ni una grieta ni nada que hiciera sospechar que iba a pasar algo así», detalla Manzanos.
De hecho, la torre, del siglo XVI fue objeto de una completa restauración en 2017, que afecto tanto a su estética como a los elementos portantes. Entre los cascotes, algunos vecinos aludían a esta restauración para preguntarse si no habrá sido el motivo del desplome. «La dejaron muy bonita, pero no sé si cargaron demasiado peso en ella», se lamentaba uno de ellos.