«Ser actor de reparto no es un desdoro, es un orgullo»

El Día
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Su madre se empeñó en que este secundario de lujo del teatro y cine español viniera al mundo en Arnedo

Félix Cubero ensaya el rictus serio en el salón de su casa. - Foto: Foto cedida

Lo crean o no, el actor de reparto Félix Cubero es de Arnedo. Aunque ha desarrollado toda su trayectoria vital en Madrid, nació en la Ciudad del Calzado en 1961. «Mi padre era madrileño y mi madre arnedana.Mi hermano mayor, Luis, nació en Madrid y también Aurora, la pequeña. Pero mi madre quiso que yo naciera en Arnedo. Vine al  mundo en la casa de mis abuelos, pero de esa escena no me acuerdo», se ríe.       

Licenciado en la RESAD, su nombre ha aparecido en una sesentena de series, más de cuarenta montajes teatrales y una veintena de largometrajes. En 2018, su localidad natal le reconoció en el Festival Octubre Corto. «Es un orgullo volver a Arnedo aunque ahora cada vez voy menos. He ido mucho, sobre de todo joven. Para alguien de Madrid, era curioso ver a tu abuelo plantar espárragos, recoger fresas, algo muy distinto a lo que estábamos acostumbrados», rememora.

Afronta con gallardía sus últimos coletazos profesionales y lo hace consciente de que «a los actores de sesenta y tantos no nos llaman tanto». Así, ha continuado su pasión por las tablas con la dirección de las artes escénicas del Centro Ocupacional Juan de Austria. «Intento llevar de la mejor forma posible el otoño de un actor», apunta sabedor de que la profesión no suele ser justa con el envejecimiento, especialmente de las actrices. «Se nos jubila pronto, sí, aunque siempre se van a necesitar voces y rostros maduros», asevera.

Si quizás para muchos de sus pares  lo puede ser, para Félix Cubero «ser actor de reparto no es un desdoro, es un orgullo».

A pesar de que su nombre ha estado vinculado a numerosas series de factura nacional (Cuéntame, Acacios 38, El comisario y un largo etcétera), reconoce que en la dicotomía entre cine y televisión, se queda con la primera. «El cine, hecho con tiempo y medios, tiene una pausa, una delicadeza que no existe en la televisión. Una peli se rueda en tres meses, con presupuestos de tres millones de euros mientras que el destinado a un capítulo de una serie puede ser de 20.000 euros», cuantifica. «El cine hecho con recursos», completa, «potencia las actitudes teatrales».

Y, en el eterno debate entre la pantalla grande y las tablas, lo tiene claro: «El teatro». «Porque es aquí donde me he formado. Llegué al teatro desde el Bachillerato, hice las pruebas para la RESAD y tuve la suerte de que me cogieron y, desde entonces, ésta ha sido mi vida».

Pese a que su nombre figura en el cásting de más de medio centenar de largometrajes y series televisivas, presume «de los más de cuarenta montajes en los que he participado y que me han permitido girar por las principales salas de España».

Tras trabajar con Nancho Novo,  Gonzalo Suárez, Josefina Molina o Juan Diego Botto, hay un papel que siempre le acompañará. «Si me tengo que quedar con un papel», rememora, «creo que sería el de Sepulturero en Hamlet, con Juan Diego Botto». «Estrenamos en el María Guerrero, fue una obra  y un papel muy reconocido», señala de una obra a la que también se asomaron el propio Juan Diego Botto, José Coronado o Marta Etura.

Si este es el papel del que mejor recuerdo guarda, asume que le hubiera gustado «haber hecho algo muy cómico con Carlos Iglesias para la televisión».

Sobre el actual momento del cine, reconoce que «hay mucha variedad, especialmente de directoras jóvenes». «En los noventa», analiza, «eran cuatro los cineastas prestigiosos y ahora hay muchísimo talento en el séptimo arte». «El cine tiene buena salud, es espontáneo, con muchísimos rostros», completa.

Y sobre el momento escénico, destaca la aportación de gente como «Andrés Lima o Cabestany». «Tenemos la suerte de vivir en Madrid y de poder disfrutar de una gran efervescencia teatral», apostilla. Así se despide recomendando 1936, que el 14 y 15 de marzo se escenifica en el Bretón logroñés.