"Mis hijos fueron mi tabla de salvación"

David Hernando Rioja
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Sara (nombre ficticio) padeció un cáncer de mama en 1999 y desde que se recuperó ha vivido una vida normal pero con secuelas estéticas. En las últimas semanas decidió ponerle solución a este problema

La paciente Sara es atendida por Míriam Apellániz en su estudio - Foto: Carlos Caperos

En los últimos 25 años ha habido grandes avances en la ciencia y en la lucha contra el cáncer, así que se han logrado novedades importantes. Pero las personas afectadas por el cáncer antes de todos estos avances no tenían tantas ventajas como puede haber ahora mismo.

Una de estas personas fue Sara (nombre ficticio), una mujer a la que diagnosticaron cáncer de mama en verano de 1999, hace 26 años. «Un día me noté unos bultos en ambas mamas y el diagnóstico fue cáncer maligno. Me operaron en Valladolid, donde fui un conejillo de indias porque me hicieron una  reconstrucción de las mamas en la misma operación, una intervención que no habían hecho antes», relata.

La parte positiva de todo esto es que la operación no tuvo ningún fallo y continúa sana hasta la fecha. «Además de la operación tuve que darme varias sesiones de quimioterapia durante 6 meses», recuerda. La quimioterapia fue «bastante llevadera» menos la primera vez, ya que «fue dura», añade esta vecina de Logroño.

Aquel momento fue «muy duro» para una joven de 37 años que tenía dos niños pequeños. «Es un golpe tremendo cuando te lo dice el médico porque cuando escuchas la palabra cáncer piensas que te vas a morir», asegura.

Esta noticia fue difícil de asimilar hasta que «te das cuenta que al decirlo a la familia y a los amigos es caótico para todos y necesitas organizar tu cabeza y procesar la información», cuenta. Cuando Sara procesó toda esta información se dijo a si misma que «si me tenía que morir no quería ver tristeza a mi alrededor, así que cambié la actitud. Eso fue lo que me ayudó a salir adelante y a pensar en positivo», subraya.

Otro factor clave fueron sus hijos. «Fueron mi tabla de salvación porque me ayudaron a llevarlo de manera más positivo», recuerda con cariño. Su entorno también llevó bien la situación porque «me veían súper animada. No quería ningún drama a mi alrededor y eso fue lo que ayudó a todo el mundo a llevarlo de la mejor manera posible», asegura.

Esta pesadilla acabó en diciembre de 1999, justo antes del cambio de siglo. «Al principio me hacían revisiones cada seis meses pero ahora son una vez al año. Ya estoy bien y hago vida normal», destaca.

Tatuaje. El tiempo fue pasando desde que la operaron y todo esto terminó pero esta mujer seguía con algunas secuelas estéticas debido a la operación. «A mi me quitaron las dos mamas, así que me pusieron una prótesis. Y además, no tenía pezón», señala.

Su ginecóloga, Susana Marín, después de varias consultas donde le hacía las revisiones, le aconsejó que acudiera a un estudio de tatuajes para que le pusieran el pezón que no tenía con tinta y de manera artificial. Pero la idea no le convención en un principio porque «la única importancia que le había dado a este tema es que estaba bien y viva, así que la estética pasó a un segundo plano», reconoce Sara.

El año pasado, recuerda, le tuvo que atender otra ginecóloga porque Susana Marín no estaba disponible y le volvieron a recomendar que acudiera a un salón de tatuajes. Previamente ya había buscando información sobre el estudio de Míriam Apellániz pero nunca había llamado, hasta hace unos días que se decidió.

«La experiencia es increíble porque es un cielo, es una gran profesional y no he sentido ningún daño. Me lo he hecho hace cinco días y ojalá me lo hubiera hecho antes», subraya.